14/11/10

Una sugerencia

Escribir para saber qué pasaría si la vida fuera diferente, si las decisiones que tomamos fueran otras y no las que en su momento resultaron tranquilizadoras. Interesarse por lo que no pasó y jamás va a pasar; o que sí pasó pero que nadie sabe. Escribir no para conocer ni para conocerse sino para inventar un reconocimiento; mínimo, falso. Javier Marías es de esos novelistas que parecen mamuts, es uno de los grandes mamuts que quedan. De los que saben que la verdad no es posible, “nunca resplandece, la única verdad es la que no se conoce ni se transmite, la que no se traduce a palabras ni a imágenes, la encubierta y no averiguada, y quizá por eso se cuenta tanto o se cuenta todo, para que nunca haya ocurrido nada, una vez que se cuenta”.

En sí mismo un mamut ya resulta extravagante, y Marías es consecuente con esa naturaleza: escribe a máquina, cuando termina una cuartilla la revisa y la deja lista para la imprenta, la guarda en una carpeta que ya no va a revisar más. Así, por ejemplo, se le olvidan detalles de la trama, algo que pasó al comienzo; lo mismo Cervantes, que revivió en la segunda parte de su libro a un niñito que se asumía muerto desde la primera. Es de los pocos que no temen celebrar el milagro del fax, esa máquina tan misteriosa; y odia Internet, aunque le administran un blog que casi raya en la megalomanía. Pero bueno: al fin y al cabo es rey, puede hacer lo que le plazca. Un día decidió escribir y publicar novelas; tenía 19 años. Otro, traducir el Tristram Shandy; tenía 24.

Una vez le recomendó a España que lo creyeran húngaro; así vendería más libros y lo odiarían menos. Otra, al ver que el premio que entrega su Reino, el de Redonda, se quedaba sin fondos para el ganador anual, decidió lo más sensato cuando uno se pone bravo: se puso bravo con todo el mundo. Ese es Marías, o al menos este montón de anécdotas forman un cuento de lo que es o de lo que pudo ser.

Me gusta la idea de que la novela sea un esfuerzo total, que el resultado sea una catedral. La gloria, escribió Jules Renard, es un esfuerzo constante. Cuando uno lee un libro como “Corazón tan blanco”, sabe que todos esos que dicen que la novela ha muerto están equivocados, que la novela, simplemente, no va a morir. Pues, ¿cómo va a desaparecer esa necesidad de conocer la vida de los otros -imaginarias o no-, renunciar a la posibilidad de “conocer lo posible además de lo cierto, las conjeturas y las hipótesis y los fracasos además de los hechos, lo descartado y lo que pudo ser además de lo que fue”? La novela sigue: “son todas admisibles, las fantasías”.

No funciona -claro- como un mandato que un lector diga o no lo que piensa de sus lecturas. Pero muchas veces "Tener valiosas sugerencias que hacer y no ponerlas en circulación no es mucho más admirable que tener una valiosa moneda del reino y guardarla en un calcetín grasiento". Que esto lo diga un personaje como Chesterton tiene algo de santa verdad.

Queda entonces la seña: "Corazón tan blanco" es el producto de un hombre ante sus posibilidades de imaginar el universo. Y ante todo es ese fracaso por intentar comprenderlo. "I progress as I digress", decía Sterne, el maestro de Marías; antes dije que me gustan las novelas como catedrales, ¿por qué no pensarlas hoy como un hogar?

2 comentarios:

Allan Herrera dijo...

Sugerencia total

Rara vez encuentro -lo digo con conocimiento de causa- una entrada-blog digna de un libro de Javier Marías. Lo más común es encontrarme con que se sigue teniendo la percepción de que a una novela de él hay que criticarla con un pedante: "me gusto mucho", o con una groseria de mayor calibre: "es confuso su lenguaje". Es digna y franca esta "Sugerencia" suya, poner en un sitio justo a un escritor por el que no me tiembla decir que es, junto con Vila-Matas, quien inaugura la primera decada del milenio con una catedral literaria "Tu rostro mañana". Ademas del elogio por esta entrada suya, quisiera recomenarles -si es que los "tres dependientes" me van leyendo al mismo tiempo o al que lea esto en su turno- no perderle la pista al rey de Redonda en su conjunto, seria muy grato re-encontrame con una entrada nueva de él escrita por ud(s). Yo preparo una en mi blog de la que él considera es su mejor obra, su TRISTRAM SHANDY, y, sin duda, es verdad.

A los "TRES" un feliz "2011", desde Cd de México.

Tomás D. Rubio dijo...

Una vez vi el Tristram Shandy, no en la edición de los Clásicos Alfaguara que es la que quisiera, pero sí en la misma editorial y, claro, con la traducción de Marías: no me alcanzaba para comprarla.

Hace un año los tres volúmenes de Tu rostro mañana estuvieron en la librería donde trabajamos en promoción: justo esta semana Christian y yo nos lamentamos por no haber aprovechado.

Otra cosa que me gustaría mucho es conocer los libros de la editorial Reino de Redonda, aquí, imposibles de encontrar. ¿En México?