22/11/10

Cuartos de escritores: Antony Beevor

Photograph: Eamonn McCabe


Mi mujer, Artemis Cooper, llama al lugar donde trabajo ahora “el granero de Samuel Johnson”, pues fue la generosidad de este premio la que nos permitió construirlo. Por lo regular trabajo en el piso superior de la casa, que ofrece una hermosa vista del valle con la que, lamentablemente, es fácil distraerse.

El escritorio perteneció al abuelo de Artemis, Duff Cooper. Me gusta imaginármelo sentado, escribiendo su obra maestra, Talleyrand. Encima del escritorio hay un poster soviético contra el alcohol que muestra a un joven y apuesto camarada rechazando una copa de vodka. Fue un regalo de mi colega rusa Lyuba Vinogradova y me sirve como recordatorio de que no debo probar ni un trago hasta la hora de la cena.

Estoy rodeado por estantes y siempre me digo que un día voy a sacar el tiempo necesario para organizarlos mejor; sin embargo, la voluntad de hacerlo nunca coincide con el momento adecuado. Cada libro nuevo que escribo parece requerir más referencias que el anterior. Sólo queda espacio para otro estante; después, tendré que evaluar la posibilidad de utilizar una pared vacante de la cocina.

El escribir El Día D: La batalla de Normandía requirió de un lugar donde poner mapas a gran escala y pilas de archivos fotocopiados. Para esto resultó ideal nuestra mesa de ping-pong. Ahora que el libro está casi terminado, la mesa puede regresar a su viejo rol de campo de batalla en el que mis hijos me hacen añicos.

Detrás de la mesa de ping-pong está el objeto más importante en el cuarto de un escritor: la cama. Cuando la mente languidece una breve siesta puede aclarar las ideas y evitar el efecto rancio de devanarse los sesos. En mi juventud podía trabajar desde temprano con una botella de vino entre el codo. Actualmente me voy a la cama a las 11 y tomo media botella —cantidad todavía suficiente para horrorizar a un doctor en esta era puritana. Pero si no disfrutas escribir, es mejor que no lo hagas.

Antony Beevor (1946) es un historiador y novelista inglés. Después de permanecer cinco años en el ejército británico dimitió a su cargo y emigró a París donde escribió su primera novela (Violent brink. John Murray, 1975), empezando así su carrera como escritor. La editorial Crítica ha publicado casi toda su obra. Entre sus libros de no ficción están: El Día D: La batalla de Normandía (Crítica, 2010), Creta: La batalla y la resistencia (Booket, 2006), La guerra civil española (Crítica, 2007) y Stalingrado (Booket, 2005), obra por la que recibió el premio Samuel Johnson de la BBC. Ha sido traducido a más de 30 idiomas.