22/8/10

Por fin, las ballenas

Hay veces que uno se pierde. Las ballenas, por ejemplo, antes podían comunicarse con sus cantos de una esquina a otra del mundo. Ya no. Los ruidos de tantos barcos, de tantos taladros en la busca de petróleo, en fin, de tantos ruidos ajenos a ellas, hacen que sus llamados submarinos sean inútiles y también, sin saberlo, música para nosotros. Y hoy quizá sus sonidos no sean sino un reclamo por el primitivo silencio del océano, que tanto deben extrañar.

Pues las ballenas recuerdan, sino, ¿cómo explicar la costumbre de buscar tierra cuando se reproducen, cuando tantas veces aparecen muertas a la orilla, no será el recuerdo de su pasado en cuatro extremidades sobre el suelo?

De lejos se puede ubicar a una ballena por el chorro blanco que expulsa por el orificio encima de su cabeza. Ese vapor de agua que sale cuando respira, no se alcanza a ver cuando uno se empieza a acercar al animal: solo cierta distancia es capaz de dibujar la imagen. Al estar cerca de una ballena, un sonido apagado en cambio es lo que podemos percibir, y si es la madre con su cría, primero siempre el soplido profundo de ésta, y justo después la corta y casi silenciosa réplica del ballenato que nada un poco atrás.

Esto de las ballenas jorobadas, tan parecidas a las mujeres por la vanidad y el movimiento de la cola. También porque las dos son capaces de mover un mar.

Ya dentro del agua la situación es diferente: no se ven ya como un torpedo, o un submarino lento y cansado, las aletas se mueven ahora con fuerza y es impensable considerar que el océano no es su elemento. Otra sorpresa es el canto, y de nuevo la inmediata respuesta de la cría. La primera vez que se escucha el estremecimiento del cuerpo no deja pensar en nada: piensa uno que la respuesta ante el sonido es un escalofrío. Equivocación, es la energía de las vibraciones que con la densidad del agua no se pierde tan fácilmente como en el aire y que literalmente lo pone a uno a temblar. El sonido tampoco es ensordecedor ni insoportable, la madre, siempre primera, lanza un ruido agudo y que poco a poco va variando en su tono, el ballenato, seguramente excitado por el ruido y el eco que se forma, responde débil, aun más agudo y corto, pero convencido que su voz es capaz de llegar al otro lado del mundo, y uno, que solo piensa en no estorbar.

Hay veces que uno se pierde, sí, y el oxígeno se acaba y toca volver a la superficie. Ya se sabe que lo que abajo se sintió tan cerca puede ser, como en la mayoría de los casos, una ilusión del canto de las ballenas: en el agua los sonidos se propagan a distancias muchísimo mayores que en la atmósfera y lo que produjo el sonido puede estar a kilómetros de distancia. No fue el caso ese día, pues un soplido fresco y otro que lo seguía se escucharon. La madre rompía el oleaje para el hijo, pasaron por un lado, llevadas por la corriente, y ya el canto desde arriba no se escuchaba. Cosa falsa esta última; se escucha todos los días.



Fotos: Iván Pisarenko

13 comentarios:

Tomás D. Rubio dijo...

"Siempre tan ajetreados, y con largas extremidades que agitan con frecuencia. Y qué poco redondos son, sin la majestuosidad de las formas consumadas y suficientes, pero con una minúscula cabeza móvil en la que parece concentrarse toda su extraña vida. Llegan deslizándose sobre el mar, pero no nadando, como si fueran pájaros, e infieren la muerte con fragilidad y grácil ferocidad. Permanecen largo rato en silencio, pero luego gritan entre ellos con repentina furia, con un galimatías de sonidos que apenas varían y que carecen de la perfección de nuestros sonidos esenciales: reclamo, amor, llanto de duelo. Y qué penoso debe de resultarles amarse: e híspido, casi brusco, inmediato, sin una mullida capa de grasa, favorecido por su naturaleza filiforme que no prevé la heroica dificultad de la unión ni los magníficos y tiernos esfuerzos para conseguirla.

No les gusta el agua, y la temen, y no se entiende por qué vienen tan a menudo. También ellos van bancos, pero no llevan hembras, y se adivina que están en otra parte, pero son siempre invisibles. A veces cantan, pero sólo para ellos, y su canto no es un reclamo sino una forma de lamento desgarrador. Enseguida se cansan, y cuando cae la noche se reclinan sobre las pequeñas islas que los transportan y tal vez se duermen o contemplan la luna. Se alejan deslizándose en silencio y es evidente que están tristes".

Antonio Tabucchi, Dama de Porto Pim.

Ángela Cuartas dijo...

Me dejó fría esta cita. Gracias, de verdad.

Acabo de llegar del Pacífico y tuve la fortuna de ver varias ballenas. No tengo la habilidad para describir la experiencia de estar cerca de ellas, sólo digo que si uno en su propio país tiene la oportunidad no la puede dejar pasar por nada del mundo.

Sobre el canto: alguien me decía (no sé si sea cierto) que, como los cantos sirven de guía y de cortejo, no hay dos ballenas que canten lo mismo, siempre están inventando cantos nuevos no vaya a ser que los/las confundan.

Ángela Cuartas dijo...

¿Dónde son las fotos?

Jose F dijo...

Dama de Porto Pim es, me parece, el mejor libro de Tabucchi, y el que lo dio a conocer en español (Anagrama, Panorama de narrativas número 40, 1984). Libro de fragmentos: de esa especie inclasificable que tanto me gusta.

En el prólogo, Tabucchi dice:
"Por último, el texto titulado Una ballena ve a los hombres... se inspira sin disimulo en una poesía de Carlos Drummond de Andrade, que antes y mejor que yo supo ver a los hombres a través de los lastimeros ojos de un lento animal."

Un buey ve a los hombres puede leerse en:
http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1987/09/26/058.html

Tomás D. Rubio dijo...

Me alegro que te haya gustado lo de Tabucchi. Dama de Porto Pim es un excelente libro (hay un texto sobre Antero de Quental muy muy bueno). Recomendado.

Eso de los cantos también lo había escuchado alguna vez.

Las fotos son en Gorgona, hace dos años.

Doctor Calle, gracias: se me olvidó poner el título del fragmento.

El tomate turbio dijo...

Tomás, muy bellos el texto y las fotos. ¿Eso le pasó de verdad? ¿Escuchó el canto de las ballenas? Debe ser escalofriante (falsamente escalofriante, si nos atenemos al texto).


Saludo.

Ps: Muy cierto eso de que las mujeres pueden mover un mar.

Jose F dijo...

"... y se adivina que (sus "hembras") están en otra parte, pero son siempre invisibles. A veces cantan, pero sólo para ellos, y su canto no es un reclamo sino una forma de lamento desgarrador...":

http://www.youtube.com/watch?v=QsEEwHBr2K4

Juanito Efectivo dijo...

Hace tiempo en un documental de Animal Planet o de History, mostraron cómo eran los animales actuales antes de evolucionar y convertirse en lo que son hoy en día. Las ballenas eran mamíferos terrestres, parecidos a un alce, carnívoros, con colmillos largos. EN su transición a animales acuáticos se parecieron a los hipopótamos y al final, tras sufrir una de las transformaciones evolutivas más radicales, se convirtieron en los colosales mamíferos marinos que conocemos.

El ojo de una ballena es uno de los espectáculos más inquietantes, más pavorosos y por eso mismo bellos, de la naturaleza. Es una mirada si bien acusadora y terrible, acogedora y permisiva.

Parece reflejar su paso por los extremos de la anatomía, hasta resguardarse, solitaria y majestuosa, en lo profundo.



http://sphotos.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc3/hs115.snc3/16250_1167973601170_1282832409_30433563_6059876_n.jpg

Tomás D. Rubio dijo...

Peña: desde niño, desde que mis tíos me tiraban al agua y consideraban que no había mejor forma de aprender a nadar que el afán por sobrevivir, me gusta estar debajo del agua: la decisión de bucear entonces no parece apresurada.

Señor Aranda: bienvenido, qué bueno eso del ojo: acusador y permisivo, sí, así nos debe ver.

Ángela Cuartas dijo...

Jose F., mil gracias la recomendación del poema de Drummond de Andrade. No lo había leído y es una delicia.

Juanito Efectivo de Aranda, el link no funciona. Quedé muy intrigada. Qué buenos esos datos del origen de la ballena.

Jose F dijo...

De nada, querida Ángela.

Juanito Efectivo dijo...

http://sphotos.ak.fbcdn.net/hphotos-ak-snc3/hs115.snc3/16250_1167973601170_1282832409_30433563_6059876_n.jpg

Juanito Efectivo dijo...

Ah, lo volví a pegar y tampoco funciona. Era el ojo de una ballena. Parece como el ojo de un gigante asomándose por una ventana que da al interior de la casa, donde tiene lugar un almuerzo familiar.