18/10/09

Sobre la pretensión

Al menos dos de los tres dependientes (y no por esto quiero excluir al otro de esta fina lista) hemos sido acusados de escribir, dicen, pretenciosamente. No puedo ocultar la ignorancia ni la confusión que este dictamen me causa. Hemos compartido historias, reseñas, recuerdos de lecturas: yo he aprovechado para intentar organizar ideas, comas. Aclaro de una vez que este texto no es una defensa por las indudables medianas páginas aquí publicadas; si los textos han resultado fallidos no sea esto una terca negación al hecho. Sin embargo, sí resulta desconcertante que se refute la ambición para escribirlos. Me concentro, entonces, en esta actitud.   

Puestas las cartas, armemos castillos:

Cada vez más me encuentro con la frase “literatura sin pretensiones”, en blogs, en revistas, como vacuna, como identificación. No logro distinguir esto de la más justificada mediocridad: porque si digo que escribo sin pretensiones, no estoy deseando ni aspirando a nada: ni contar una historia, ni defender una opinión, etc, etc. Imaginen el caso en un jugador de fútbol: si hay alguien que está en la cancha y no sueña con hacer un gol, con realizar una gambeta inolvidable, con ser el mejor defensa del partido, ¿qué hace ahí?, ¿qué pretende hacer? Naturalmente, el desearlo no me convierte en un Zidane, créanme: más de un ridículo y un abucheo he conocido: pero al menos soñé con una chilena.

He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas. Más molesta que la pretensión, es la mentira de esos que dicen escriben sin deseo, sin la perversa ilusión de agradar a otro; prefiero un egoísmo exigente como el de Renard –así lo que quede sea un escombro- a contentarme con disfrazar un acomodo. Quizá la única y verdadera entrevista sea la que un despiadado Faulkner respondió para The Paris Review, para el periodista Jean Stein Vanden Heuvel, a comienzos de 1956 (Claro; con el Nobel y toda la libertad para decir lo que fuera, dirán unos; pero William Faulkner lo hubiera dicho en 1935, en 1942… ese es el secreto que nos dejó): lo que queda del sueño de perfección es un espléndido fracaso [...] Siempre hay que soñar y apuntar más alto de lo que uno sabe que puede apuntar. Tratar de ser mejor que uno mismo. Prefiero confesar una valentía y tropezar cien, mil veces, levantarme, y buscar escribir, ingenuo, ingenuo, algo en donde se note que ha existido Homero.   

Seré considerado no menos que un insensato; pero al menos no llevo un endeble escudo como excusa para no pretender llegar a escribir algo válido. No digo con esto, insisto, que yo lo haya logrado: pero la chilena; la chilena está siempre en la cabeza.   

En las Memorias póstumas de Blas Cubas, cuenta Machado de Assis:    

-Usted se acordará -me dijo el alienista- de aquel famoso maniático ateniense que suponía que todos los navíos entrados en el Pireo eran de su propiedad. No pasaba de ser un pobretón que quizá no tuviera ni el tonel de Diógenes para dormir; pero la imaginaria posesión de los navíos valía por todos los dramas de la Hélada. Pues bien, hay en todos nosotros un maníaco de Atenas; y quien jure que no poseyó alguna vez, mentalmente, dos o tres barquichuelos, por lo menos, puede creer que jura en falso.

-¿También usted? -le pregunté.

-También yo.

-¿También yo?

-También usted; y su criado, asimismo, si es su criado ése hombre que está sacudiendo los alfombrines en la ventana.

En efecto, uno de mis criados sacudía los alfombrines, mientras nosotros hablábamos en el jardín, al lado. El alienista hizo notar, entonces, que el criado abrió de par en par todas las ventanas, desde hacía largo tiempo, y que alzó las cortinas exponiendo lo más posible la sala, ricamente adornada, para que la viesen de afuera, y concluyó:

-Ese criado suyo tiene la manía del ateniense: cree que los navíos son de él; una hora de ilusión que le da la mayor felicidad de la tierra.


Maniáticos, criados, dependientes… al menos soñamos con uno, con todos los lectores imaginarios que van a entender lo que queremos decir. Si la literatura es inevitablemente una vanidad, la es más como infracción y búsqueda. 
Y así, miserable pero tenaz, dejo este registro como un gran barco que no puede sino esperar el iceberg, ya visible a la distancia. Pavese:   

En sustancia, ¿por qué deseamos ser grandes, ser genios creadores? ¿Para la posteridad? No. ¿Para circular entre la multitud, y que ésta nos señale con el dedo? No. Para sostenernos en la fatiga cotidiana, en la certeza de que vale la pena cuanto hacemos, de que es algo único. Por el presente, no por la eternidad.

6 comentarios:

Jose F dijo...

Gol de chilena

Pablo R. Arango dijo...

La Chilena fue la primera puta travesti que hubo en Manzanares. Decía: "esa pobre hijueputa de missuniverso come mierda al lado mío".

Libélula libros dijo...

Por ahí se hizo lo que se pudo, yo puse todo en la cancha, fue el resultado de una semana de entrenamientos y del esfuerzo del Profe, finalmente se hizo lo que se pudo, por ahí los hinchas tienen que entender que a veces la cosas no se dan. Hay que agradecer, lo importante es el esfuerzo, yo puse todo en la cancha, lo que pasa es que la cancha esta pesada y el balón, y los rivales, que estuvieron bien. Tal vez por ahí se nos fue la mano y hicimos más de una, es que el Cheve no siempre la pasa y se emociona con la barra, yo si tenía ganas de hacerme una chilena como las que hacía en el barrio, pero no se pudo, además el Profe se puso bravo y no paraba de gritar que nos concentraramos , uy pero es que uno con todas esas hembritas viendo. Bueno, ahora hay que peliar los puntos que quedan, no podemos descender, por ahí si sería un fracaso de todos, pero bueno no sería para tanto ¿cierto?, total esta vaina sigue, con tal que los patrones paguen. ¿De mi traspaso? No se, hay que esperar que dice el representante, me dicen que para Arabia o Emiratos, por allá quisque gusta el futbol chévere, como el nuestro, de Europa no dicen nada, tal vez Albania, pero no se.

Tomás D. Rubio dijo...

Ante semejante memorándum:

http://www.youtube.com/watch?v=B40y5oTNNr0&feature=related

Libélula libros dijo...

endeble

El tomate turbio dijo...

Tomás, qué buen texto, totalmente de acuerdo con usted.