5/7/09

"Nos recordamos para no morir"


Gesualdo Bufalino, me entero, no dudó en alabar el trabajo de Joaquín Jordá: ese señor que tradujo del italiano, entre otras obras, la Perorata del apestado. Cuenta Jordá que le contó Bufalino, que había aprendido español solamente para leer, en vez de sus originales, las traducciones de éste.

Hace poco encontré la edición de Norma de la Perorata, traducida por Yolanda González; una edición que llama la atención por un apéndice mucho más extenso que el aparecido en la de Anagrama Compactos: la primera que conseguí, leí y me enamoró. Por ejemplo, la de Norma contiene, además de las Instrucciones de uso (Bufalino era dado a componer ciertas "explicaciones" de sus escritos, pues sospechaba que como sus libros, jamás pensados para imprimirse, eran tan íntimos, podían incluso considerarse ofensivos al lector), que fueron en su momento publicadas por Anagrama, una serie de anexos muy valiosos para el lector y que no aparecen publicados por la editorial española: los poemas escritos por Bufalino en la Rocca -el pabellón de tuberculosos donde vivió en los años cuarenta, justo después de terminada la Guerra y que sirvió como experiencia para escribir su novela- y contenidos ensu libro de poemas L’amaro miele, los epígrafes que Bufalino había pensado para cada capítulo y que al final se obviaron, las inscripciones imaginarias de las lápidas de los personajes del libro, y una ilustración que muestra una partida de ajedrez descrita en éste.

Pero Anagrama tiene a Joaquín Jordá. Y Bufalino lo sabía:

"Con ellos he repartido, a la sombra de la misma bandera, cualquier limosna del momento, todos los engaños y los desengaños de sus carreras, aunque no el final repentino que las concluyó. Pero si, entre tantos, sólo yo, sea esto un premio o un castigo, he salido adelante y todavía respiro, mayor es el remordimiento que no el alivio, por haber traicionado a espaldas suyas el silencioso pacto de no sobrevivirnos."

"Con ellos compartí, a la sombra de la misma bandera amarilla, cada limosna de la hora, cada engaño y desengaño de sus carreras, aunque no el fin repentino que las concluyó. Pero si de tantos sólo yo, por premio o condena, he sobrevivido y todavía respiro, siento más remordimiento que alivio, por haber traicionado sin que ellos lo supieran el pacto de no sobrevivirnos."


"Han apresado a un contrabandista -comentó ella-. Y a nosotros que vivimos de contrabando, y que transportamos de contrabando una muerte, nadie nos persigue." (Jordá, Anagrama)

"Han capturado a un contrabandista - fue su comentario-. Y a nosotros que vivimos de contrabando, y llevamos una muerte clandestina, no nos requisa nadie." (González, Norma)

...

Esta otra Perorata de la señora González, una vez leída, desencanta: ese no es Gesualdo Bufalino, es otro que se llama Gesualdo Bufalino, sólo que no tan bueno. Algo así como la hermana fea.

Un libro ajeno y desconocido.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jorge Bustamante García, hablando sobre la traducción, recuerda a Bufalino de esta manera:


...Gesualdo Bufalino, quien construyó el enunciado más sorprendente y bello que he leído sobre la condición del que traduce:
“El traductor es evidentemente el único auténtico lector de un texto. Por cierto más que cualquier crítico, quizás más que el propio autor. Porque de un texto el crítico es solamente el cortejante ocasional, el autor, el padre y el marido, mientras que el traductor es el amante”.

Tomás D. Rubio dijo...

Justo acabo de traducir unas páginas de Thoreau y la sensación es de cansancio, agotamiento... como con una amante.

Y lo de Bufalino, ¿en dónde se puede leer?

Gracias, un saludo.